Murallas, casas, palacios, templos y conventos configuran el rico patrimonio artístico de Ávila, resultado de un enriquecedor pasado histórico protagonizado por las culturas que en ella convivieron. Historia, arte, mística, tradiciones, gastronomía y naturaleza se aúnan para ofrecer al visitante una enriquecedora estancia en esta ciudad.

La imagen de la ciudad medieval viene configurada por sus murallas, que en el caso de Ávila son mucho más que una representación simbólica, es el monumento que la explica y la configura.
Al llegar al siglo XVI la ciudad conoce su máximo esplendor, que se manifiesta tanto en el ámbito civil como religioso. Cerca de treinta casas conservadas confirman la importancia de la nobleza y la actividad constructiva que tiene lugar entre los últimos años del siglo XV y el siglo XVI.
El Ávila del XVI es también el de la ciudad de la mística y de la espiritualidad, su mejor exponente es Teresa de Cepeda y Ahumada. Si hacemos un recorrido teresiano iremos del gótico al renacimiento, del manierismo al barroco a través de la vida y obra de Teresa de Ávila.
Ávila es lugar de fiestas y tradiciones. La mayoría nacieron con un carácter religioso, pero en ellas no falta un matiz pagano. A lo estrictamente religioso se suman otras actividades lúdicas, arraigadas en los usos y costumbres de la ciudad.
Ávila es una ciudad para ver tranquilamente. Se puede recorrer siguiendo el trazado de una ruta temática, pero también de forma más desordenada descubriendo en cada calle, en cada plaza un edificio, una cornisa, una ventana, cualquier cosa yá que ávila está llena de cosas interesantes.
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